Un dolor de cabeza llamado transporte

Por Pablo Pascual Méndez Piña.

LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org -Los vecinos del municipio Los Palacios, en la provincia cubana de Pinar del Rio, no exageran cuando hablan de sus vicisitudes con el transporte.
Los que viven en la localidad de San Diego están obligados a salvar la distancia de 13 kilómetros para llegar al borde de la autopista nacional, donde empieza otra odisea, ya que la mayoría de los vehículos que transitan por allí, van repletos, a causa del déficit de ómnibus interprovinciales.
Tras delimitarse las fronteras con la nueva provincia de Artemisa, el hospital de San Cristóbal, el más cercano a la población de Los Palacios, dejó de prestar servicios a la municipalidad y ahora los pobladores tienen que trasladarse a la ciudad Pinar del Rio, distante a unos 50 kilómetros.
Petronila una vecina de San Diego (la zona más afectada), tiene 75 años, es diabética, con agudos problemas cardiovasculares. Ella explica que para asistir a las consultas médicas está precisada a alquilar un automóvil por  25 dólares, que es más que el salario mensual medio de los cubanos.
Roberto, un obrero agrícola de 27 años, comenta que en el policlínico de la localidad hay una ambulancia para casos de emergencia, pero la batería está agotada. Recientemente, él, doblado con un fuerte dolor apendicular, se vio obligado a empujar la ambulancia para que lo llevaran al quirófano con urgencia.
También los estudiantes del municipio sufren por la falta de transporte y con frecuencia se les ve a media mañana, con sus mochilas, deambulando por las cunetas, a la espera de que un buen samaritano les dé “botella” para aproximarse a sus escuelas.
Lázaro, un trabajador del ministerio del transporte, explica que el problema de San Diego y Los Palacios son solo dos gotas de agua dentro del mar de dificultades en la transportación pública.  Revela que de 2000 ómnibus chinos marca Yutong que reforzaron el transporte interprovincial en el año 2006, hoy sólo quedan prestando servicio 400. El resto permanece montado sobre burros en los talleres de “Coyula”, en Santiago de las Vegas, o en “Sandino” y “Caamaño”, en la ciudad de La Habana.
Según Lázaro, las mayores dificultades se detectan en el deterioro de neumáticos y baterías, así como en las inexplicables carencias de petróleo. También afirma que el recurso para sustituir piezas deficitarias consiste en sustraerlas del parque desactivado, acción que en el argot popular llaman “canibalismo”.
Por último, este trabajador del transporte agrega que los técnicos de la Yutong se largaron del país y que el cáncer de la transportación interprovincial ya hizo metástasis también en los ómnibus metropolitanos de Ciudad Habana. Eso sin contar que la “omnipresente corrupción” forma parte  básica del problema. Por ejemplo, se ha detectado que algunos choferes venden  gomas de repuesto a los camioneros particulares.

Giovanni Bellucci plays Beethoven - Lille Piano(s) Festival : das Eröffnungskonzert


Sobre la pérdida de la fe

Por Arcadi Espada.





Querido J:
«Una de esas personas engreídas que se creen que por haber perdido la fe han accedido ipso facto a la razón». Lo escribía hace pocos meses Christopher Hitchens, que acaba de morir en América, a los 62 años, después de una vida de escritura, alcohol y tabaco, víctima de un cáncer de esófago. La persona de la cita es el dramaturgo David Mamet, a propósito de su libroThe secret knowledge. Pero Mamet sólo es la persona interpuesta. La auténtica persona de la cita, al margen de la irrelevante muestra de color del adjetivo, es el propio Hitchens. En esa descripción está el asunto intelectual de su vida: la pérdida de la fe y la búsqueda de la razón. El gran mérito de este hombre alegre, valiente y generoso fue que tuvo presente el reproche que poco antes de morir le dirigió a Mamet. Estamos oyéndole susurrárselo, esclavo griego de sí mismo: «Piensa que perder la fe no te lleva en volandas hacia la razón». Y creo que nos estamos oyendo también, aterrados cada día ante la posibilidad de que la insidiosa fe reaparezca en el lugar que elegimos cuando la fe desapareció. Esa es la amenaza que Hitchens advirtió con su tajante lucidez cuando le expulsaron de la izquierda, una expulsión que pudo decretarse, en efecto, a partir de su trato con Wolfowitz o de su apoyo a la Guerra de Irak, o mucho antes y más simple, aquella tarde cubana en que se marchó del campamento de fieles comunistas, donde se había gustosamente recluido, para irse a dar un paseíto. La lección que Hitchens supo sacar de su camino de Damasco no fue que había que pensar cosas distintas de las que había pensado hasta la caída. Sino que las cosas debían pensarse sin fe. Te ilustrará este delicado fragmento de una conversación entre Richard Dawkins y nuestro muerto:
Dawkins.- Siempre he sido muy suspicaz respecto a la dimensión izquierda-derecha en política.
Hitchens.- Sí, conmigo está destrozada.
D.- Es impresionante cuánta tracción tiene el continuum izquierda-derecha… Si sabes lo que alguien piensa sobre la pena de muerte o el aborto, entonces sabes lo que piensa sobre cualquier otra cosa. Pero tú rompes claramente esa norma.
H.- Mantengo una coherencia que es estar contra el totalitarismo, en la izquierda y en la derecha. El totalitarismo, para mí, es el enemigo, el absoluto, el que quiere controlar el interior de tu cabeza, y no sólo tus actos y tus impuestos. Y los orígenes de eso son teocráticos, obviamente.

Entrevista a Carlos Rodríguez Braun. Javier Rubio


Javier Rubio recibe en Contemporáneos a uno de nuestros mejores divulgadores de teoría económica, Carlos Rodríguez Braun. Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la UCM, ha sido también director de España Económica y subdirector de Cambio 16. Rodríguez Braun ha publicado unos tres mil artículos en la prensa de España, Europa y América. En la actualidad es columnista de ABC, Expansión y Libertad Digital, así como destacado comentarista en Onda Cero Radio.

216 DOCUMENTED VICTIMS OF CHÉ GUEVARA IN CUBA: 1957 TO 1959

From Armando M. Lago, Ph.D.´s
Cuba: The Human Cost of Social Revolution.
Manuscript Pending Publication.

The exact number of Che’s victims in Cuba is unknown. Guevara is said to have acknowledged ordering many executions -all carried out without affording the victims due process of law. Combat deaths caused by Che in Cuba or other countries where he led guerrilla operations have yet to be tallied.

The following list is not exhaustive and includes only cases for which historic reference is known -those he personally executed as well as those killed under his orders. Names are cited as reported. Additional details, including bibliographic information, are available for most cases.

Read full list of victims.

El silencio y los silenciados

Por Fernando Savater.


Cuando se haga el debido homenaje a las víctimas de ETA será preciso referirse también a quienes por enfrentarse al terrorismo cuando casi nadie lo hacía vieron sus vidas cotidianas, su trabajo y sus proyectos personales destrozados por el terror.


Hace una década, a raíz del reconocimiento de Gunther Grass de que en su primera juventud había militado en las SS nazis, hubo cierta polémica en Alemania sobre las complicidades con el régimen hitleriano. Llegó a decirse que todo el mundo en la época había incurrido en ellas, fuese por ofuscamiento juvenil, por miedo o simplemente por desinterés de la cosa pública. El periodista e historiador Joachim Fest publicó entonces unas memorias tituladas sencillamente: 'Ich Nicht' (Yo no).


Lo recordé al terminar de leer el artículo de Pello Salaburu 'La vergüenza de nuestro silencio' (DV, 4-12-11). En él mi antiguo rector sostenía, con razón, que «los intelectuales -tampoco la Iglesia, no la olvidemos- han sido incapaces en su conjunto de alzar la voz contra ETA cuando había que haberlo hecho». Se refería a escritores, profesores e intelectuales vascos, desde luego, y señalaba que «ha habido excepciones, pero las excepciones no hacen sino acentuar el silencio de la mayoría». En efecto algunos, como el propio Salaburu, podrían decir «yo no» a la hora de rememorar esa época de oprobio, pero son lamentablemente pocos. Y ya no me refiero solamente a intelectuales sino a los ciudadanos en general, de todas las condiciones y oficios, sobre todo a los de mayor relieve social como cocineros, deportistas, actores, etc.
Lo que faltaba en el artículo de Salaburu era recordar lo que fue de esos que no guardaron silencio ni miraron para otro lado. Porque por lo general no lo pasaron demasiado bien. Y no me refiero ahora precisamente a quienes pagaron con sangre su atrevimiento honroso sino a los que padecieron exclusión, hostigamiento y en muchos casos exilio. Ahora que acaba de morir el noble Vaclav Havel, es oportuno recordar que durante su presidencia se alzó un monumento en un jardín de Praga dedicado a las víctimas de la dictadura comunista. La placa que lo acompaña dice que no sólo se rememora allí a quienes fueron asesinados por el régimen totalitario, sino también a todos aquellos que vieron sus vidas cotidianas, su trabajo y sus proyectos personales destrozados por el terror establecido.
Cuando se haga el debido homenaje a las víctimas de ETA, además de no mezclarlas con otras diferentes reales o supuestas, será preciso referirse también a quienes por enfrentarse al terrorismo cuando casi nadie lo hacía padecieron del modo señalado en el monumento checo. Y lo peor es que si hoy recuerdan en voz alta cuánto penaron son considerados por mucha 'buena gente' (lo que antes se llamaba 'gentuza') como aguafiestas de los felices tiempos nuevos en que vivimos. decretados por los que nos amargaron en el pasado.
Hubo quien tuvo que mudarse, para respirar mejor, desde localidades menores a alguna de las capitales vascas; y otros, dentro de la propia capital, tuvieron que cambiar de su barrio a otros menos invadidos por el matonismo de los intolerantes, como le pasó a la librería 'Lagun'. Muchos tuvieron pura y simplemente que exilarse, para tener la posibilidad de trabajar en paz o incluso de conservar su integridad física. ¿Quién podría reprochárselo? Es difícil seguir dando clase con calma en la universidad cuando a uno le ponen una bomba en el ascensor que utiliza para ir al aula, como le pasó a Edurne Uriarte. Algunos aficionados a las encuestas, no siempre desinteresados, señalan que respecto al cese de la violencia etarra, las conversaciones de Eguiguren con Otegi y compañía, etc. hay percepciones distintas en Euskadi y en el resto de España. Se les olvida mencionar que en ese 'resto de España' viven hoy miles de vascos que tuvieron que dejar su casa por mantener opiniones distintas a las que querían imponer algunos de los que se quedaron, avasallando a sus conciudadanos. Recuperar sus voces para equilibrar el panorama político y dar que pensar a quienes pretenden ahora hablar en nombre de 'la sociedad vasca' es una elemental exigencia democrática.
Porque aún hay quien quiere silenciar a los que no guardaron culpable silencio y eso no sólo pasa en el País Vasco. Por ejemplo Aurelio Arteta, uno de los que puede decir con pleno derecho «yo no», publicó hace meses un excelente estudio titulado 'El mal consentido' (ed. Alianza). Trata de los diversos subterfugios con los que disculpan su complicidad moral quienes asisten sin intervenir ni protestar a las fechorías que se cometen a su lado. La obra no se centra en modo alguno en lo ocurrido en el País Vasco, que menciona sólo ocasionalmente junto a otros ejemplos de esta dimisión ética tan lamentablemente frecuente. Pues bien, el libro quedó entre los finalistas para aspirar al Premio Nacional de Ensayo. En las deliberaciones -que son reservadas pero siempre llegan a conocerse- su candidatura fue postergada porque según algunos miembros del jurado la obra podía 'crispar' y no colaboraba con los vientos políticos que hoy soplan en Euskadi.
De modo que ya ven ustedes como están las cosas, en la política y en la moral. Sigue por lo visto el tiempo de silencio.

Hayek, Keynes y la crisis

Por Juan Ramón Rallo.

Hace 80 años se libró un apasionante debate intelectual entre dos pesos pesados de la Economía: el austriaco Friedrich Hayek y el inglés John Maynard Keynes. Por resumirlo mucho, el primero sostenía que las crisis económicas eran resultado de las distorsiones financieras y reales ocasionadas por una orgía crediticia previa que tenía su origen en el imprudente y privilegiado comportamiento de la banca; el segundo, que las crisis se desataban porque los inversores entraban en pánico, se deprimían estúpidamente y el gasto agregado de la economía se hundía por debajo del nivel que habría garantizado el pleno empleo de los recursos.
Y, como es obvio, de semejante disparidad de diagnósticos se seguían distintos planes de choque contra la depresión: Hayek defendía la liquidación de las malas inversiones reales y financieras coadyuvada por una liberalización de los mercados que, vía flexibilidad de precios, permitiera recolocar rápidamente los factores productivos, así como un incremento del ahorro público y privado que facilitara la recapitalización de los agentes económicos y la implementación de nuevos planes empresariales; Keynes, por su lado, pensaba que la insuficiencia de gasto era un problema exclusivo de la demanda, lo que le llevaba a justificar la mayor de las rigideces por el lado de la oferta con tal de evitar incertidumbres adicionales entre los agentes, la rebaja a mínimos de los tipos de interés para tratar de estimular una nueva ronda de endeudamiento familiar y empresarial, y un muy notable incremento del gasto público que supliera las restantes deficiencias en el volumen de desembolsos privados.
Hayek ganó el debate de los años 30 en los journals académicos –de hecho, Keynes huyó en desbandada ante la contundencia de los argumentos del austriaco–, pero lo perdió de manera clamorosa en los boletines oficiales de los gobiernos. Simplemente, la lógica del intervencionismo político clamaba por “hacer algo” en unas economías que se estaban descomponiendo en medio de un intervencionismo interno y externo que si bien ya era feroz a principios de los 30, muchos todavía consideraban insuficiente y mojigato. Había que hacer más, mucho más: los Estados debían desplegar políticas proactivas en todos los campos concebibles por muy contradictorias y contraproducentes que éstas fueran. Y así se hizo y así se padeció: la crisis que comenzó en 1929 no empezó a superarse de verdad hasta 1946.
Diríase que algo deberíamos haber aprendido de tan nefasta experiencia. Pero no. La historia, para desgracia nuestra, vuelve a repetirse: los hechos validan las teorías de Hayek pero los políticos, y muchos economistas cortesanos, embisten contra la realidad recitando letanías keynesianas. Y ya que ellos tienen la sartén del poder estatal por el mango, al menos habrá levantar acta de que nosotros tenemos la razón de nuestro lado. Vencerán pero no convencerán, o al menos no a todos. El más elemental análisis de lo acaecido debería probar de manera aplastante que, de nuevo, no fue Keynes sino Hayek quien acertó de pleno.
¿Expansión crediticia insostenible o injustificables bandazos pesimistas?
Si hiciéramos caso a Keynes, la etapa depresiva que comenzó en 2007 para el conjunto de la economía mundial debería ser fruto de una arbitrariedad: los ahorradores, después de años de desatado optimismo, cayeron presa de un inexplicable pesimismo en torno al futuro que los llevó a dejar de invertir, desatando un progresivo hundimiento del gasto en la economía. En cambio, para Hayek, la crisis es la etapa que necesariamente sigue a un auge insostenible previo, edificado sobre la laxitud de un crédito bancario insuficientemente financiado por ahorro real y demasiado por el crédito inflacionista de los bancos centrales: las semillas de depresión se plantaron en las múltiples distorsiones acumuladas durante la etapa expansiva.
Pues bien, ¿cuál de las dos descripciones se ajusta de manera más fidedigna a lo que sucedió? Creo que todos, salvo los más partidarios entusiastas de los festines crediticios, podremos coincidir en que las teorías del austriaco se acercan mucho más a la realidad. No se trata de negar, por supuesto, que, como pensaba Keynes, las crisis no vengan marcadas por un generalizado pesimismo inversor, sino más bien que ese generalizado pesimismo sea la causa última de nuestros problemas.
¿O es que acaso alguien puede defender seriamente que la economía española no acumulaba distorsiones mil cuando iniciaba anualmente la construcción de 800.000 viviendas –más que la suma de las que comenzaban Alemania, Francia e Inglaterra juntas– o cuando al crédito hipotecario y promotor crecía a tasas de más del 15% al año no gracias al mayor ahorro interno o externo, sino a una expansión imprudente de la financiación bancaria? ¿Realmente pensamos que la inversión en todos estos faraónicos, torpes y burbujísticos proyectos –y aquellos otros que vivían de las rentas por éstos generadas– era sostenible, es decir, que en algún momento serían lo suficientemente rentables como para autosufragarse? Yo diría que no: nuestra economía, al igual que la estadounidense, la inglesa, la lusa, la irlandesa y tantas otras en el mundo, tenían que atravesar por un duro y profundo proceso de reestructuración, tanto financiera como real. Las malas inversiones cada vez eran más generalizadas y la enormidad de la deuda con la que eran financiadas resultaba cada vez más impagable.
Qué menos que, al abandonar la borrachera, los inversores se mostraran un tanto más pesimistas como consecuencia del negro panorama que se les abría por delante. Pero nadie yerre: el pesimismo no era una causa sino una consecuencia del inexorable ajuste que debíamos atravesar. Si hubiésemos mantenido a nuestros ahorradores sedados en un nirvana de irracional y suicida optimismo, lo único que habríamos tenido habría sido mucho más ladrillo y endeudamiento hasta un colapso final tremendamente más duro.
¿Austeridad o prodigalidad?
Inmersos en esa etapa de reajuste real y financiero llamada crisis, ¿qué cabe pensar que necesitábamos para acelerar el proceso? ¿Más ahorro público y privado para poder amortizar anticipadamente nuestra deuda, tapar agujeros e implementar nuevos planes de negocio o un incremento del gasto público que sostuviera la demanda artificial de constructores y promotores y que fuera de la mano de sucesivas rebajas de los tipos de interés dirigidas a incentivar que los agentes privados continuaran endeudándose sin fin? ¿Una mayor flexibilidad de los mercados para que los factores productivos pudiesen abandonar con rapidez los sectores hipertrofiados reincorporándose a los nuevos sectores que debían emerger o una mayor rigidez que los apuntalara allí donde ya no eran necesarios? ¿Más Hayek o más Keynes?
Todos coincidiremos en que una crisis de deuda y de malas inversiones generalizadas no puede despacharse con más deuda y más malas inversiones generalizadas. Era menester atravesar una etapa de reajuste para volver a generar riqueza sobre bases sólidas. Pero no, el camino adoptado por nuestros gobernantes ha sido el de frenar tanto como les ha sido posible el proceso de desapalancamiento y reestructuración del sector privado. Se han endeudado y han promovido que nos endeudemos para que la carísima bacanal que se vino abajo en 2008 durara un poquito más. Y en parte lo han conseguido, pero al carísimo precio de la insolvencia nacional: una continua huida hacia adelante que ya se ha topado con el precipicio. Acaso alguno crea que los problemas han comenzado para nuestras economías cuando han implementado políticas de austeridad: mas no se confunda, el Estado español gastará en 2011 un 13% más que en 2007, en pleno pico de la burbuja, y sólo un 3% menos que en 2009, el ejercicio con el mayor presupuesto de nuestra historia.
Ocho décadas después del debate entre Hayek y Keynes la historia lamentablemente se repite: Hayek tiene razón en el diagnóstico y en las recetas, pero la marabunta intervencionista consigue convencernos de lo contrario y arrastrarnos hacia la perdición. Ojalá algún día aprendamos de nuestros errores y dejemos de pensar, como hacía Keynes, que la producción de riqueza consiste en algo tan simplón como gastar compulsivamente en cualesquiera bienes de consumo o de inversión que se nos pongan por delante.  No es eso, no es eso.

Jacqueline Du Pre - Elgar Concerto



Sí, Goldman Sachs gobierna el mundo

Por Alvaro Vargas Llosa.

Goldman-Sachs

Alessio Rastani ha dicho cosas insoportablemente antipáticas sin ser, lo que es aun más antipático, quien creíamos que era. Pero las cuatro cosas que dijo son verdad.

-Sí, un trader sueña con una hecatombe porque en una hecatombe se puede ganar mucho dinero.
-Sí, los grandes bancos de inversión desconfían de los planes de rescate europeos: ¿qué significan las espeluznantes primas de riesgo si no eso?
-Sí, los ahorros de la gente están en pelotas: cuándo caen la Bolsa, los commodities y todo lo demás incesantemente por incertidumbre política y financiera, y en lo único que parece invertir el mundo son los bonos del Tesoro estadounidense, institución técnicamente quebrada, ¿puede decirse que los ahorros están rozagantes?
-Y sí, Goldman Sachs gobierna el mundo. Un libro reciente de William Cohan lleva ese mismo título.  Goldman Sachs quiere decir Wall Street y Wall Street, a diferencia de otras industrias, será siempre rescatado. Por eso, aunque Goldman no manda, los que mandan lo hacen en beneficio suyo.
Los gigantes de Wall Street no estarían hoy en funciones si el gobierno no los hubiera rescatado. Estarían quebrados, como Lehman Brothers, el único al que se permitió caer para no dejar caer a los otros.
Goldman—y podría estar hablando de otros bancos de inversión— tiene un modelo de negocio altamente tóxico porque cuenta con la garantía protectora del gobierno. El año del estallido de la crisis, 2007, tuvo ingresos brutos de 87 mil millones de dólares. Repartió en pagos astronómicos a sus empleados y ejecutivos más de la tercera parte de ese dinero; en cambio, a sus accionistas, muchos miles de personas que son dueñas de esas acciones en la Bolsa, les repartió en dividendos treinta veces menos. ¿A usted le gustaría ser accionista de una empresa que gestionaran tres amigos suyos y saber que sus amigos reparten casi cuatro de cada diez euros que ingresan en bonificaciones e incentivos para ellos mismos, mientras que a usted, accionista, le dan 13 miserables céntimos?
Cuando Goldman tiene deudas malas, como sucedió precisamente el año de la crisis (un agujero de 68 mil millones de dólares), sus libros nunca arrojan pérdidas  porque goza de un acceso privilegiado al crédito, directa o indirectamente proveniente del gobierno, lo que le permite disimular.
Por último, los altos ejecutivos de Goldman suelen acabar trabajando en el Tesoro (y los del Tesoro con frecuencia se enchufan luego en Goldman).
Cuando se creó la Reserva Federal (banco central estadounidense), se reunieron unos señores importantes para negociar cómo sería la criatura. En esa mesa estaba el hijo del fundador de Goldman. Diseñaron un sistema mediante el cualbancos como Goldman siempre podrían ir a la Reserva Federal y obtener, muy calladitos, el dinero que les hiciera falta. Un siglo después, eso sigue sucediendo: así salvó la  Reserva Federal a Goldman. Entre 2008 y 2009, este banco de inversión fue uno de los principales prestatarios del dinero –un total de 1.2 billones de dólares— que el banco central estadounidense dio al sistema financiero para sacarle las castañas del fuego.
Sólo ahora, gracias a que Bloomberg ha llevado hasta la Corte Suprema su batalla para acceder a los detalles de cómo se repartieron esos créditos a interés ínfimo y sin garantías, hemos sabido todo. ¿Qué dio Goldman como garantía? Los papeles basura que estaban en el corazón del problema, es decir casi cero.
Nada hace más daño al sistema capitalista, el más exitoso que haya conocido la humanidad, que la sensación de que el Estado existe para servir a una elite financiera que no compite en el mercado porque tiene la vida garantizada por el resto de la sociedad. No, el amigo Rastani no andaba del todo desencaminado.

Cómo los inmigrantes potencian el comercio de EE.UU.

Por Robert Guest.

Una vez le pregunté al jefe de Tata Consulting Services, una gigantesca firma india de tecnología de la información, cuántos de sus ejecutivos de alto rango habían trabajado o estudiado en el exterior. "Todos", respondió.

Las personas más talentosas del mundo son excepcionalmente móviles. Cuando se mudan a Estados Unidos, hacen que el país sea más inteligente, y no sólo porque son inteligentes. Es también porque la migración crea conexiones.
Un par de generaciones atrás, los inmigrantes podían partir rumbo a EE.UU. y nunca más volver a ver a sus viejos amigos. Hoy, pueden enviar mensajes de texto a sus hermanos, hacer transferencias electrónicas de dinero a sus socios de negocios y volar de regreso a su país de origen con regularidad.
Así forman redes. Indios inteligentes de Silicon Valley charlan constantemente con indios inteligentes en Bangalore. Chinos y peruanos listos hacen lo propio. Las redes de las diásporas aceleran el flujo de ideas a través de las fronteras y esto tiene consecuencias de vasto alcance.
Eso potencia exponencialmente el comercio. Los inmigrantes con frecuencia fundan compañías que son multinacionales desde el primer día. Consideren esta historia de Mei Xu. Nació en China durante la Revolución Cultural. Sus recuerdos de la infancia son de encierro en un pequeño cuarto mientras sus padres eran blancos de arengas de una turba maoísta por ser "burgueses".
Ahora vive en un suburbio de Maryland y opera un negocio transoceánico. Comenzó cuando advirtió una brecha en el mercado estadounidenses de velas elegantes. Las diseñó ella misma y convenció a su hermana en China para que estableciera una fábrica para producirlas. Ahora su firma, Pacific Trade International, factura US$100 millones al año.
Su éxito depende de tener un pie en cada país. Comprende los gustos estadounidenses. Y tiene contactos en China, sin lo cual tendría dificultades para conseguir que se hagan cosas.
Los contactos son cruciales en los mercados emergentes, porque el estado de derecho suele ser débil. Si uno no puede contar con los tribunales para velar por los contratos, uno tiene que saber en quién puede confiar. William Kerr de la Escuela de Negocios de Harvard ha demostrado que a las firmas estadounidenses que contratan inmigrantes les resulta más fácil hacer negocios con los países de origen de estos inmigrantes.
Esto importa para EE.UU.: la mayor parte del crecimiento en la economía global está en los mercados emergentes. Y el efecto de la diáspora es muy grande. Por ejemplo, alrededor de 70% de la inversión extranjera directa en China pasa por personas de la comunidad china que viven fuera de China continental.
Las redes de inmigrantes también aceleran la difusión de la tecnología. Los investigadores inmigrantes en EE.UU. constantemente intercambian ideas con sus amigos en los países de los que son oriundos. Con las idas y vueltas, estas ideas evolucionan.
Por ejemplo, tres ingenieros indo-estadounidenses tuvieron la idea de adaptar la tecnología de enfriado de una computadora para un refrigerador. Mediante una presentación personal, su firma de Texas, Sheetak Inc., se conectó con Godrej & Boyce, fabricante de electrodomésticos de Mumbai. Juntos, desarrollaron una heladera que cuesta solamente US$70.
Los consumidores indios y chinos demandan productos ultrabaratos. Los ingenieros locales fuerzan cada neurona para inventar tales productos "frugales", que son superlativamente más baratos que sus equivalentes de Occidente. Hablamos de casas prefabricadas de US$300 y operaciones de corazón por US$1.800.
Si EE.UU. quiere aprovechar el torrente de innovación que comienza a salir de los mercados emergentes, tiene que seguir permitiendo el ingreso de inmigrantes de dichos lugares. Algunos se quedarán; otros terminarán volviendo a sus países. De cualquier modo, sus ideas seguirán fluyendo por EE.UU. Un estudio de la Fundación Kauffman concluyó que dos tercios de los emprendedores indios que regresan a India mantienen al menos contacto mensual con sus ex colegas en EE.UU. Los chinos que vuelven son casi igual de locuaces.
Los inmigrantes también proveen a EE.UU. un batallón de diplomáticos, reclutadores y gestores no oficiales. Cuando visitan los países donde nacieron, es posible que se quejen de la política exterior estadounidense. Pero también hablan de sus empleos bien remunerados, sus vecinos agradables, y la vida vibrante de las iglesias estadounidenses.
Y los inmigrantes con frecuencia absorben y propagan los ideales estadounidenses. La apertura de la economía india en 1991 fue inspirada en parte por el éxito de los indios que vivían en el exterior. (Durante la era cerrada, un legislador le preguntó osadamente a Indira Gandhi: "¿Puede la primera ministra explicar por qué los indios parecen prosperar económicamente bajo cualquier gobierno en el mundo excepto el de ella?")
Hoy, los estudiantes de China que llegan a EE.UU. no dejan de advertir que el aire es más limpio, la gente es más rica, y el sistema político permite que la gente elija un nuevo gobierno sin derramamiento de sangre.
Cientos de miles de chinos educados en el exterior, conocidos como "tortugas de mar", han regresado a China en la pasada década. Son la élite, suficientemente brillantes como para ganar becas o suficientemente ricos como para pagar aranceles universitarios de EE.UU. Ahora muchos son altamente influyentes. Dominan el sector tecnológico chino, las universidades chinas y los centros de estudios que asesoran al gobierno en Beijing. También están ascendiendo paulatinamente dentro del Partido Comunista.
Cheng Li de la Institución Brookings calcula que las tortugas de mar representaban 6% del comité central del Partido Comunista en 2002. Cuando asuma la próxima generación de líderes en 2012, espera, representarán entre 15% y 17%. Pocas tortugas de mar regresan al país proclamando en voz alta los méritos de la democracia. Eso sería suicidio profesional. Pero la eventual transición de China a un voto por persona seguramente llegará más pronto, y con menos sobresaltos, porque una proporción tan alta de la élite china ha visto de primera mano cómo funcionan las sociedades libres.
En tanto los inmigrantes cualificados hacen de EE.UU. un país más inteligente, más rico y más influyente, el proceso para obtener una visa de trabajo es desesperantemente lento, caprichoso y humillante. El debate político en EE.UU. está concentrado casi totalmente en mantener alejados a trabajadores mexicanos no cualificados, lo cual es extraño, ya que dejaron de venir en grandes cantidades cuando el sector de la construcción se desplomó en 2008.
Los inmigrantes cualificados tienen opciones. Canadá, Australia y Nueva Zelanda les abren las puertas. EE.UU., en contraste, les permite venir a estudiar y luego los echa cuando se gradúan. El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, llama esto "suicidio nacional". Tiene razón. Que EE.UU. cierre las puertas a inmigrantes es como si Arabia Saudita incendiara sus yacimientos petrolíferos.
Guest es editor de negocios de The Economist. Su nuevo libro es "Borderless Economics: Chinese Sea Turtles, Indian Fridges and the New Fruits of Global Capitalism" (Palgrave Macmillan).

Primero Barrabás

Por Francisco Chaviano González.
LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org -El presidente Raúl Castro declaró en su discurso ante el VIII  período ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, que el Consejo de Estado concederá indulto por razones humanitarias a dos mil novecientos prisioneros, de los más de cien mil que componen la población penal cubana. Serán beneficiados fundamentalmente reclusos comunes, entre ellos  mujeres, ancianos, enfermos y jóvenes “reeducados”. No obstante también serán liberados algunos sancionados  por delitos políticos que ya han extinguido buena parte de su pena.
Aseguró que las conmutaciones de sanción se realizarán atendiendo a peticiones familiares, del Consejo de Iglesias de Cuba y la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, así como por los cuatrocientos años de aparición de La Virgen de la Caridad del Cobre y la próxima visita a Cuba del Papa Benedicto XVI.
Será la excarcelación más grande de los últimos veinte años, y la segunda con motivo de la visita de un Papa. A pesar de que  el mundo ha clamado por la liberación de prisioneros políticos, el gobierno de La Habana sólo libera fundamentalmente a presos comunes y unos pocos políticos.
Recuerdo la visita de Su Santidad Juan Pablo II, en 1998. Yo me encontraba cumpliendo una condena de 15 años por razones políticas, cuando el gobierno anunció las tipificaciones de sancionados que serían excluidas. Puedo imaginarme entones, como se sentirán mis compatriotas: son momentos de expectación, ansiedad, alegría para unos pocos y frustración para la mayoría.
Mi amigo el Dr. Omar del Pozo Marrero y yo teníamos la misma sanción de 15 años por  delitos similares, Revelación de secretos concernientes a la Seguridad del Estado, que no figuraba entre las exceptuadas. El había extinguido seis años de condena y yo cuatro. Mi compatriota aseguraba  que nos liberarían juntos, apuntalándose en razones obvias. Yo  le reconvenía que a él lo liberarían,  pero a mí no, porque el gobierno aún no había saciado el rencor que me profesaba. Hubiera  querido perder la apuesta, pero no fue así, tuve que cumplir mi sanción completa.
Hoy se  repite la misma historia. Las  liberaciones no se ceñirán a una regla, sino al libre albedrío gubernamental. Nos imaginamos que algunos casos, como  Rafael Ibarra Roque, a  punto de  cumplir su sanción en  febrero, debe salir, pero  nos preguntamos si estará incluido Ernesto Borges Pérez, quien lleva catorce años en prisión y  desde hace cuatro le corresponde la libertad condicional,  por tanto liberarlo sería cumplir con lo dispuesto. ¿Y cuál será la consideración para los cuatro jóvenes encarcelados por enarbolar unos carteles frente al Consejo de Estado?.
¿Terminará  el martirio para  Elías Pérez Bocourt, quien lleva veinte años de prisión política bajo hostigamiento vejaminoso de los carceleros, por complicidad de  asesinato, por  estar en el momento y lugar equivocado, ya que no participó en los hechos y  se enteró por la prensa al día siguiente?
¿Qué tratamiento darán a los casos de Tráfico de Personas, clasificados como delitos comunes, pero cuya connotación política y  el  ensañamiento de su sanción exagerada son por todos conocidos?  Entre ellos distingo el caso de Rolando García, que  lleva más de diez años de cárcel, a pesar de que Medicina Legal lo declarara no apto para estar en una celda. Así como  Raúl Rodríguez Soto,  y  muchos más.
¿Nos preguntamos si entre los extranjeros que serán liberados  estará  Alan Gross,  el menos justificado de los extranjeros para tener en prisión? ¿Y  si ante que los  nobles  defensores del progreso y la libertad,  el estado preferirá primero soltar  a Barrabás, como cuentan  las sagradas escrituras?

Anwen Keeling (5 de 5)


























Fuente: Anwen Keeling.

La dictadura del hambre

Por Carlos Benito.


Los dictadores son propensos a dejar alguna rendija en sus sistemas para que escapen por ella sus hijos, liberados del rigor de los principios totalitarios. Estos días se ha publicado una y otra vez lo poco que se sabe sobre Kim Jong-Un, el hijo del Querido Líder y la Respetada Madre, es decir, del dirigente norcoreano Kim Jong-Il y la bailarina Ko Young-Hee: educado en Suiza, el joven ha vivido sus veintitantos años en una realidad paralela de viajes a Europa, instalaciones deportivas privadas y comida en abundancia, que le permite hacer honor a aquella mordaz coletilla que identificaba a los suyos como la única familia obesa del país. Hasta él se dio cuenta de su excepcionalidad. El que fue chef de sushi de Kim Jong-Il, una de las principales fuentes de información sobre las intimidades del Gran Dirigente, ha difundido una conversación que mantuvo hace una década con Kim Jong-Un, mientras fumaban en el coche: «Estamos aquí, jugando al baloncesto, montando a caballo, pilotando motos náuticas, pasándolo bien -planteó de pronto el joven-, ¿pero qué ocurre con las vidas de la gente corriente?».


La gente corriente de Corea del Norte, el país de cuyo gobierno se ha hecho cargo esta semana, lo pasa bastante peor. A la tristeza y las miserias cotidianas de habitar un estado-prisión se suman malas rachas como la actual: la combinación de un invierno crudo y unas inundaciones generalizadas en verano ha sumido el territorio en una gravísima crisis alimentaria, que afecta especialmente a los niños. En Corea del Norte, el 60% de la población depende para su sustento del Sistema Público de Distribución, la ración de cereales que reparte el Estado, unos 600 gramos diarios en el caso del personal de las granjas cooperativas y una cantidad que se va determinando cada temporada para el resto. Este año, esa asignación se ha reducido a 200 gramos, un tercio de la ingesta mínima establecida por la Organización Mundial de la Salud, e incluso llegó a quedarse en 150 el pasado mes de junio. La población, hambrienta, trata de completar su dieta con lo que logra recoger del campo -bellotas, bayas, setas- o, si hay suerte, con donaciones de algún pariente generoso del campo, pero simplemente no hay comida para todos en este país malgastado, con una estatura media que se ha quedado quince centímetros por debajo de la de Corea del Sur. En el recuerdo de todos está la terrible hambruna de los noventa, que mató a un millón o millón y medio de personas, según las estimaciones más aceptadas.
Un niño de cada tres
La situación actual, sin llegar a aquellos extremos, sí pone en peligro el futuro de toda una generación. «Nos preocupan sobre todo los niños pequeños y sus madres, ya sean embarazadas o lactantes. Un niño de cada tres y una madre de cada cuatro son desnutridos crónicos -explica a este periódico Kenro Oshidari, director regional para Asia del Programa Mundial de Alimentos-. Según la última misión de valoración de los cultivos y la seguridad alimentaria, alrededor de tres millones de personas necesitarán asistencia para satisfacer sus necesidades nutricionales en los próximos meses». En las regiones más afectadas, los partos de niños con menos de dos kilos se han convertido en algo habitual y las atenciones pediátricas por malnutrición se han doblado desde el año pasado. Los expertos calculan que Corea del Norte necesitaría importar más de 700.000 toneladas de grano, pero, tal como están los precios, comprará menos de la mitad, así que la solidaridad internacional trata de cubrir la diferencia a base de donaciones.
Al menos, el régimen ha dejado a un lado su tradicional opacidad y colabora con quienes intentan ayudar a sus desventurados súbditos. En los primeros nueve meses de este año, los supervisores del Programa Mundial de Alimentos habían recorrido ya más de 400.000 kilómetros por el país: «Con arrego al acuerdo estipulado con las autoridades, podemos tener acceso con un preaviso de 24 horas a todas las instituciones con las que trabajamos, incluyendo hospitales, escuelas, orfanatos y casas particulares. El Gobierno lo ha respetado a todos los efectos este año», explica Oshidari, que no desperdicia la ocasión para animar a todos a echar una mano contra el hambre, en Corea del Norte y en el resto del planeta: «Es el problema más grande para el que sí es posible encontrar una solución».