Otro mito más a la basura: la educación privada es solo para ricos

Ángel Martín.



Qué mejor forma de demostrar la falsedad de esta idea que ver cómo escuelas privadas están funcionando en áreas pobres de países en vías de desarrollo (India, Ghana, Kenya, Nigeria, China…).
En esta línea apuntan diversas investigaciones recientes, principalmente dirigidas por el británico James Tooley de la Universidad de Newcastle y el centro E. G. West que dirige.
Sobre esta cuestión he escrito anteriormente (La educación y el desarrollo: alternativas al Estado y África: una revolución educativa incipiente), pero quería sacar de nuevo el tema tras ver una charla de TED titulada How Private Schools Are Serving the Poorest, de Pauline Dixon, Directora de Investigación del Centro E. G. West en Newcastle. En ésta relata los procedimientos y resultados de sus investigaciones, que en pocas palabras, señalan que el sector privado (a través de escuelas de pago low-cost) está sirviendo mejor las necesidades de los pobres que las escuelas “gratuitas” que proporciona el gobierno. Dentro de las escuelas privadas distingue entre las que están reconocidas legalmente, y las que no. Resulta que éstas segundas operan al margen de la legalidad, no están reconocidas por las estadísticas oficiales, ¡y en algunos casos superan en número a las escuelas gubernamentales!
Una lección importante aquí: cuidado con fiarte mucho de las estadísticas que proporcionan los organismos oficiales, porque te puedes estar perdiendo una gran parte de la realidad… Esto se suple con cuidadosas (y caras) investigaciones on the ground.
Otro punto relacionado: si el fenómeno de las unrecognized schools está suficientemente extendido, los datos de “X personas pobres en el mundo carecen de educación” estarían exagerando esta cifra, por lo que las cosas en realidad estarían mejor de lo que se pintan. (Esto es una hipótesis, cuidado… nótese el “si el fenómeno… está… extendido”).
No obstante, a pesar de estos resultados, hay gente, expertos y demás, que se oponen con fuerza a este tipo de alternativas privadas a la educación. Pauline destaca un informe de la UNESCO de 2009 en esta línea. Otras voces destacables se han alzado en contra también. La idea detrás es que las escuelas privadas son de muy mala calidad. Pero implícitamente late la idea de que los padres de estos niños de las zonas más pobres, no son capaces de tomar sus decisiones de forma libre y sensata. Por eso, los expertos, gente formada, tienen que ponerse en su camino: “No, eso que está haciendo no está bien, usted debería enviar a sus hijos a las escuelas que proporciona el gobierno. Sus hijos y usted me lo agradecerán”. (Paternalismo versión fuerte, anyone? Si solo los pobres y cuasi analfabetos negritos siguieran los consejos de los ricos y formados occidentales blancos…).
Ya conocemos la mentalidad de este tipo de expertos y sus consecuencias. Lo importante es que éstos no corten las alas a las iniciativas indígenas que surgen en estos países. (Y luego se les llenará la boca con términos como el empowerment y demás…). Son iniciativas que surgen de la gente pobre: pequeños empresarios que establecen modestas escuelas (por el lado de la oferta), y padres que se desenganchan de las escuelas del gobierno de manera libre (por el lado de la demanda). [A no ser que exista, y no se hayan dado cuenta estos investigadores, un gran lobby en favor de la educación privada y que actúe en plan mafioso... :P ]
Pero lo más esperanzador y revelador de todo esto es la muestra de ganas y capacidad de salir adelante de las personas pobres, quienes no se conforman con una educación de pésima calidad ni se quedan de brazos cruzados ante un problema. En contra de lo que algunos piensan, pues, los padres de estos niños sí se preocupan por la educación de sus hijos, dado que, pese a sus grandes deficiencias de formación reglada, saben que una parte importante del futuro de sus hijos (y quizá del suyo) descansa en la educación y formación.
(Por supuesto, las cosas son más complejas. Seguro que hay padres a quienes se las trae al pairo el bienestar de sus hijos y prefieren conseguir otros fines de más corto plazo. Como también los hay en este mundo nuestro…).
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Ah, Brasil parece ser otro ejemplo en este sentido. Lean este excelente artículo del Financial Times: Private sector education booms in Brazil. En pocas palabras, debido al acelerado crecimiento del país, la demanda de educación está aumentando a pasos agigantados y las escuelas estatales no son capaces de satisfacer a ésta. Están siendo principalmente centros privados los que absorben gran cantidad de nuevos estudiantes. De esta manera, estarían siendo un elemento a tener en cuenta en el desarrollo del país.
private sector education companies have started a revolution in post-secondary education that has tripled the number of places available to the country’s booming lower middle classes.
“Between 2000 and 2010, Brazil has gone from 1.8m students in higher education to 6m-6.5m today,” said Alexandre Oliveira, principal investment officer at the International Finance Corporation, the private sector arm of the World Bank and an investor in Anhanguera. “That additional capacity has essentially come from the private sector.”
Education is one of the key challenges for Brazil as it struggles to emerge from its status as a middle income economy.
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Debajo copio el artículo La educación y el desarrollo: alternativas al Estado, que publiqué en el Instituto Juan de Mariana (Diciembre 2009).
Una idea prácticamente intocable es que la educación es vital para el crecimiento económico, ergo, se argumenta, el Estado debe garantizar una educación pública universal y dedicar elevados presupuestos para tal cuestión. Se podrá rebajar el gasto público en contener el sueldo de algunos funcionarios, recortar las subvenciones, ¡pero nunca reducir el gasto en educación! Un gobierno que haga eso se enfrentará a las críticas vociferantes de la oposición, pero también de la gente, que pensará que el gobierno les está traicionando, a ellos y a sus hijos.
El economista del desarrollo William Easterly, de la New York University, en su libro En busca del crecimiento, tiene un capítulo sobre la educación en los países pobres que tiene un título muy ilustrativo: “¿Educarse para qué?”. En él, examina la evidencia empírica acerca del gasto en educación y el desempeño, y encuentra que la correlación no está nada clara, argumentando que si faltan los incentivos adecuados para que los padres inviertan en el futuro de sus hijos, el gasto no servirá de nada, pudiendo ser incluso contraproducente.
Desde esta perspectiva se observa una clara bidireccionalidad en la causalidad, en el sentido de que el desarrollo económico genera incentivos para la educación, y que la educación es importante para el desarrollo. En este campo sucede algo parecido con el tema de los anticonceptivos en los países pobres, al que Easterly también dedica un capítulo, concluyendo que “el desarrollo por sí mismo es un anticonceptivo mucho mayor que el dinero para preservativos”. Las soluciones mágicas propuestas en estas dos áreas le parecen al norteamericano “panaceas” para favorecer el desarrollo que han resultado fallidas.
Y es que el buen intencionado propósito de hacer que los niños más desfavorecidos puedan estudiar no hace, por sí mismo, que éstos estudien, o que lo que estudien les sirva para su futuro. Así, por ejemplo, ante la construcción de escuelas o la aplicación de programas de organismos internacionales –como el de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU– para conseguir que la educación universal sea una realidad en África, se pueden dar varios escenarios (que de hecho se dan).
En primer lugar, se pueden construir bonitos edificios y bien acondicionados, pero contar con unos profesores sin ningún tipo de aliciente ni motivación, que incluso se duerman en las clases o no aparezcan. En segundo lugar, puede que los niños no vayan a la escuela porque son más necesarios trabajando en el campo ayudando a su familia; o, por último, puede que los niños vayan a la escuela y aprendan realmente, pero que luego apenas existan oportunidades para poner en práctica esos conocimientos en su propio país, teniendo que emigrar a países más desarrollados.
Por otro lado, aparte de esta vía burocrática de aparatos supraestatales y agencias internacionales, existen alternativas para hacer avanzar la educación en los países más pobres. Como suele pasar, la realidad es más rica de lo que nos pensamos en un primer momento, y especialmente mucho más rica y llena de matices de lo que piensan quienes pretenden solucionar casi todos los problemas sociales mediante más dinero e intervención pública, fruto de una mentalidad de planificador de la sociedad.
En efecto, existen alternativas, aunque muchas veces éstas se traten de ocultar, o parezcan simplemente inimaginables. El investigador británico James Tooley lleva décadas estudiando el fenómeno de las escuelas privadas en las zonas más pobres del mundo, ya sea en África o Asia (India o China). Ha llegado a la conclusión de que la educación privada es buena para los pobres. Su interés hacia este tema se despertó cuando, a pesar de que pensaba que la educación privada era algo casi impensable en países poco desarrollados, se dio cuenta de que sus prejuicios no parecían del todo acordes a la realidad. Así fue como trató de averiguar la magnitud y amplitud de este fenómeno.
Fruto de estos años de investigación ha publicado libros como The Global Education Industry: Lessons from Private Education in Developing Countries, y más recientemente, The Beautiful Tree: A Personal Journey Into How the World’s Poorest People are Educating Themselves. Libros como éstos ponen en duda algunos de los tópicos acerca del subdesarrollo y la educación privada. Tooley quiere transmitir la lección de que el espíritu empresarial y el amor de los padres por los hijos pueden ser encontrados en todas las partes del mundo; y que estas dos fuerzas pueden conseguir maravillas.
Pero las alternativas no se acaban aquí. Además del sector educativo con ánimo de lucro en los países pobres, existen otras asociaciones que sin la búsqueda del beneficio monetario, ayudan a la construcción de escuelas y a su puesta en marcha. Este es el caso de Building Tomorrow, organización norteamericana que trabaja para Uganda, y que obtiene buena parte de sus fondos de donaciones de estudiantes universitarios de EE.UU.
Al contrario que muchos proyectos de cooperación al desarrollo, están preocupados por los incentivos, y para ello tratan de involucrar a toda la comunidad que se beneficiará de la construcción de una escuela. A diferencia de lo que sucede con la mayoría de agencias estatales burocráticas, aquí sí hay un proceso de feedback entre donantes e intermediarios. Si no se realiza lo que la organización había prometido, pueden sufrir una reducción importante de las donaciones, por tanto deben ser muy cuidadosos con cómo emplean los recursos. Además, no son partidarios de la educación “gratuita” dada por un ente benevolente como el Estado, sino que los padres tienen que financiar total o parcialmente la educación de sus hijos, bien con dinero, bien mediante trabajo o trueque.
Parece que son más conscientes de la importancia del esfuerzo para conseguir las cosas que buena parte de la clase política “avanzada”. Claro, que ellos no pueden permitirse ningún lujo; aquí, sin embargo, podemos dilapidar la riqueza y las gentes siguen teniendo algo que llevarse a la boca. Pero todo tiene un límite.

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